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"I don't know your face no more
Or feel your touch that I adore,
I don't know your thoughts these days
We're strangers in an empty space"
La luna estaba roja, era un cielo violeta con una media luna roja, esa fue la noche en que lo vi. Sentado en el banco de esa plaza, con un cigarrillo en la mano izquierda. Me acerqué tratando de hacer el mayor ruido posible para que advirtiera mi presencia y el choque sea lo menos traumático posible. Pero él solo atinó a ver que algo se movía a su lado y no le dio importancia alguna.
Seguí acercándome hasta quedar enfrentados. El comenzó a levantar su mirada, a recorrerme desde los pies pasando por mis piernas, se detuvo en la cintura y continuo hasta mis ojos.
Entonces ocurrió, no era el que yo conocía, no, era una sombra de lo que solía ser. Sentí como el corazón oprimía mi pecho, el sudor frio que comenzaba a deslizarse por mi espalda. Trate de escudriñar en su mirada para ver si había algo que pudiera reconocer como familiar, como amado, como parte mia, como tantas otras veces lo reconocí.
No encontré nada, nada. El reflejo de mi mirada volvía a mi por el espejo de sus lágrimas contenidas en los suyos. El tampoco me había reconocido.
Nos miramos en absoluto silencio un largo rato, eramos otras personas, dos extraños; sin embargo algo había que nos hacía quedar ahí amparados por el satélite vermelho.
No nos reconocíamos, quizá nunca nos habíamos conocido en primer lugar y sin embargo estaba tan segura...al cabo de un tiempo, levantó su mano y la posó sobre mi vientre y en ese momento lo supe...
...de repente, me desperté llorando lágrimas rojizas, quizá las suyas o tal vez las mías. Quiza la luna era un sol o viceversa. Ahora se que es lo mismo.

Me tomé un taxi el otro día porque estaba llegando tarde a encontrarme con Juan, y si hay algo que al niño le molesta, es que lo haga esperar, entonces, como una buena muchacha estiré mi brazo y paré al azar al primer auto negro y amarillo que asomó.

Me subo, el chofer de unos 40 y pico (largos) colita de colectivero (si, aunque fuera taxista) y cara de jirafa enojada. Y así comenzó la conversación:
Yo - Hola, hasta Corrientes y Suipacha por favor.
El - Agarramos 9 de julio y doblamos en nomeacuerdodonde.
Yo - Sí si, como le parezca.
Entonces me acomodo en el asiento trasero para disfrutar por un mini paseo y de repente mi tranquilidad es interrumpida por el chofer que reaccionaba a un noticia de la tasa de robos nacional.
Esto es una desgracia, yo voy a vender todo lo que tengo y me voy a vivir a Estados Unidos.
Silencio de mi parte. (con mi característica simpatía)
- Bah, en realidad me quiero ir porque quiero ser congelado, vistes como hacen ahí.
Y ahí tuve que reaccionar.
Yo - ¡¿Cómooooo?!
El- Claro, allá cuando las personas se mueren, las congelan y después las descongelan. Y yo tengo pavor de morir. ¿Y usted?
-No- le respondí (en realidad tenía pavor de él) - ¿Y cuando lo descongelen? pregunté
- Vivo de nuevo.
- Pero va a morir de nuevo
- Ahi me congelan de nuevo
- ¿Entonces...no se va a morir nunca?
- No.....y agregó, son 8 con 20.

Yo pagué y me fui por la sombra silbando bajito.

"No quiero que venga el destino, a burlarse de mi..."

Lo que a veces salva a lo de indomable e inexplicable del destino es que de vez en vez, demuestra tener un gran sentido del humor. Este coloso hizo encontrar a esas dos mujeres que hacian parar el tráfico de la atestada avenida de los eruditos en el momento justo, en el lugar indicado.

Las dos habían amado al mismo hombre, el mismo hombre las había amado a su modo, arcaico, pero a su modo al fin. Cuando sus amigos le preguntaban como podía al mismo tiempo adorar por igual a dos mujeres que eran el agua y el aceite el explicaba pacientemente.

- Es que una es mi sosiego, sus manos que dan sin esperar recibir me dan la paz en mi ansiedad; seguridad de quererla querer a toda costa porque sin ella la vida no sería vida. La otra; ella, me brinda la guerra santa de cada día, el estigma de la duda y la bendicion de la tentación. La certeza de la levedad en contraposición al peso de la rutina.

Y continuaba como poseido por algún espíritu de trovador - sin ella, una casa es una fría embajada, con ella es una fiesta de color y sabor. Ella me hace infelizmente dichoso, y con ella soy felizmente infeliz. Claro que para esta parte del relato los receptores ya habían perdido el hilo de la explicación y les mezclaban las ellas, tanto como a él; entonces aprovechaban un respiro del orador para cambiar de tema.

Ese día cruzando la avenida, ellas dos se miraron frente a frente por cinco segundos y quizá reconocieron un atisbo de familiaridad en sus pupilas, sin embargo siguieron caminando, pero una duda se instaló desde ese día para siempre. ¿Podía ser que ese hombre haya hecho vivir algo de la otra en cada una?

"Quien dijo que me fui,
si siempre estoy volviendo..."

http://outroalguem80.blogspot.com/2007/02/nenfar-hay-quien-apuesta-fuerte-y.html

Hay veces que me quedo sin palabras y mi cuerpo es mi portavoz, asi es como que solo se me escurre una sonrisa y se me escapa una lágrima.

Te quiero mucho.

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